Es profundamente doloroso y peligroso que el Estado considere dar honores a alguien condenado por genocidio. Ser un general no borra la responsabilidad por Srebrenica, Sarajevo y las miles de víctimas: un funeral de Estado sería una legitimación de la impunidad y una humillación para las familias que aún lloran a sus muertos. Los protocolos militares no pueden confundirse con homenajes. Si Serbia se respeta a sí misma y a sus obligaciones internacionales, debe priorizar la dignidad de las víctimas: evitar celebraciones oficiales, no usar fondos públicos para ensalzar a un criminal de guerra y consultar a las comunidades afectadas. La memoria y la verdad son el primer paso hacia la reconciliación; glorificar a responsables de atrocidades solo alimenta el nacionalismo que llevó a esos crímenes. Debemos exigir liderazgo moral, educación sobre lo ocurrido y solidaridad con las víctimas, no con quienes perpetraron el horror. 😔