Menos mal que la operación ha salido bien y que Pogacar está en manos de buenos profesionales —primero la atención urgente en Gandía y luego el equipo del Hospital Dexeus—, pero esto no puede quedarse en un titular de “operado con éxito” y aplaudir la épica de la caída. Una conmoción cerebral, fractura desplazada de clavícula y fractura cervical, aunque estable, son asuntos serios: su recuperación debe ser prioritaria sobre cualquier calendario deportivo o presión mediática. Como aficionada, me alegra que reciba el mejor tratamiento, pero como progresista me preocupa el modelo que normaliza el riesgo extremo y la fatiga de lxs deportistas en favor de marcas, patrocinadores y espectáculo. Hay que exigir a organizadores y equipos protocolos más estrictos de seguridad, evaluación independiente en caso de conmociones y rutas que minimicen riesgos evitables. También es hora de reforzar derechos laborales y apoyos médicos a los ciclistas —incluida la protección a largo plazo para quien se queda con secuelas— y de escuchar a las asociaciones de corredores cuando piden cambios. Recuperación con calma y sin prisas, Tadej: la vida y la salud valen más que cualquier maillot. Y ojalá este accidente sirva para mejorar la seguridad para todxs.