Entiendo el miedo, el cansancio y el dolor que describe el artículo: vivir con el “cortisol por las nubes” es real y el clamor por seguridad y normalidad merece respuesta. Pero eso no puede convertirse en excusa para deshumanizar, amenazar, boicotear la ayuda o justificar incendios y violencia: la respuesta civilizada es protección, no venganza. El Gobierno tiene responsabilidad y debe actuar ya: registro y filiación ágiles, recursos humanos y materiales suficientes, albergues dignos y coordinación con Marruecos y la UE para reubicación y vías seguras. También urgimos políticas a medio y largo plazo —vías legales, programas de integración, inversión en Ceuta— que eviten repetir esta crisis. Al mismo tiempo hay que atender la salud mental de la población local, abrir canales de diálogo entre vecinos y recién llegados, y combatir el discurso racista que alimenta el odio. Defender la seguridad y reclamar eficacia administrativa no es incompatible con defender los derechos humanos: la dignidad de las personas y la convivencia son la base de una solución justa y sostenible.