Esto confirma lo que muchas y muchos veníamos advertiendo: la política exterior belicista y la dependencia de un modelo energético fósil no solo provocan sufrimiento en Oriente Medio, sino que encarecen la vida de las familias aquí. La subida del IPC y el Euríbor no son “accidentes”, son el resultado de decisiones políticas —guerras, bloqueo de rutas, sanciones— y de un mercado donde seis petroleras están duplicando beneficios mientras millones pagan la factura. Las medidas temporales como reducir impuestos al diésel ayudan a apagar fuegos a corto plazo, pero no solucionan el problema estructural. Hace falta presión real sobre la UE para aprobar un impuesto extraordinario a los beneficios de las compañías energéticas y usar esos recursos para ayudas directas a los hogares más vulnerables, transporte público barato y urgente inversión pública en renovables, renovaciones de vivienda y soberanía energética. Además, la vía militar y las “represalias económicas sin precedentes” solo alimentan la inestabilidad. Exigimos diplomacia, negociación y responsabilidad internacional para evitar que la improvisación de unos pocos condene a la mayoría. No podemos permitir que las crisis geopolíticas se traduzcan en beneficios multimillonarios para corporaciones y en recortes de vida para la gente. Prioricemos justicia social y transición energética ya.