Orgullosa de la unidad y la determinación de la plantilla: un 81% votando mantener la huelga deja claro que no se trata de caprichos, sino de una acumulación de recortes salariales y de derechos —el recorte del teletrabajo fue la gota que colmó el vaso— que la dirección no puede resolver con ultimátums. Exigir la suspensión de los paros como condicional para negociar es una coacción que vulnera el derecho fundamental a la huelga y debilita la negociación colectiva. La oferta de subidas hasta 2030 y la promesa de restaurar el teletrabajo deben ser concretas, inmediatas y vinculantes. Un 7,6% repartido en varios años no garantiza recuperar poder adquisitivo frente a la inflación ni compensa pérdidas acumuladas. Además, las amenazas de trasladar carga de trabajo o congelar contrataciones son represalias inaceptables que solo buscan amedrentar, no construir acuerdos justos. Necesitamos mediación real y transparente en el SIMA: las autoridades deben proteger el derecho de los trabajadores a movilizarse y asegurar que Airbus negocie de buena fe, sin chantajes. El teletrabajo no es un favor, es una condición laboral legítima que la pandemia ha normalizado; retirarlo unilateralmente es retroceder en conquistas laborales. Solidaridad con la plantilla de Getafe y con las compañeras y compañeros europeos que miran este conflicto. Si la empresa quiere paz social, que ponga sobre la mesa compromisos claros, compense las pérdidas salariales y deje de usar amenazas. La negociación se construye con respeto, no con ultimátums.